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de las chilcas
Rothschildia jacobaeae
Mariposa leopardo
Hypercompe indecisa
Esfinge de la vid
Eumorpha analis

Las esfinges son en su mayoría mariposas nocturnas, y en posición de descanso tienen una forma triangular característica. Vuelan a bastante velocidad en comparación con otras mariposas, ven muy bien en la oscuridad y se dedican a visitar las flores que se abren de noche, especialmente las que son blancas y perfumadas. Algunas flores se abren solamente para determinadas esfinges, como las del tabaquillo, y por eso esperan a que se vaya el sol para abrirse.

En mi barrio, las esfinges más comunes parecen ser las de la vid, seguramente porque los vecinos tienen en sus jardines parras u otras plantas de la misma familia, que es lo que comen las orugas de esta especie.

Alarma en el patio

Lo más común es que notemos estas orugas cuando bajan (o caen, no sé) de la planta que estuvieron comiendo y empiezan a buscar un lugar donde pupar. Como la planta es casi siempre una parra o una enredadera de la familia de las vides, este evento suele tener lugar en algún patio o jardín, causando no poco revuelo, ya que las orugas que ya están por pupar son enormes. Sin embargo, son inofensivas.

Muchas veces me ha acercado a una parra o alguna planta similar tratando de encontrar una oruga chica o un huevito, pero como esas plantas son muy hojosas y a veces crecen muy altas, es más difícil de lo que parece. Alguna vez, sin embargo, encontré alguna oruga chica de esfinge de la vid, así que voy a empezar por esa parte del ciclo.

Cola de antena

Las hembras de las esfinges de la vid eligen plantas de la familia de las vides para depositar huevos, ya que las futuras orugas se alimentan exclusivamente de esas plantas. A los huevitos los van ubicando sobre las hojas de la planta, separados uno de otro. Cada oruguita, al nacer, no tiene hermanitos cerca y tampoco tiende a reunirse con otras orugas de su especie, así que lleva una vida solitaria.

De chiquitas, estas orugas se caracterizan por tener en la punta de la cola lo que en la literatura científica se llama cuerno, pero que en la práctica es más parecido a una antena. Más adelante, a medida que la oruga crece y va mudando de piel, la antena se parece más a un zarcillo de vid, y cuando la oruga está ya grande, pierde la antenita del todo. Otra característica que tienen es que las manchas blancas alargadas y orladas de negro que presentan a los costados del cuerpo van haciéndose más numerosas a medida que la oruga crece, como se ve en las fotos de la derecha.

La vida en las vides

Igual que las orugas de otras especies, estas pasan el tiempo comiendo y descansando alternativamente. Cada tanto interrumpen esa rutina para hacer una muda de piel, tras la cual habrán crecido un poco… y así se van desarrollando.

Si podemos disponer de la o las plantas adecuadas para que coman, es facilísimo criar a estas orugas. Son tranquilas, inofensivas y crecen hasta un tamaño bastante grande. ¿Son plagas de la parra? Según cómo se las mire. Por lo general no aparecen en grandes cantidades, así que no afectan a las parras grandes. Además, no todas las plantas que comen son parras «de uva»: también se alimentan de enredaderas ornamentales que llegan a cubrir superficies inmensas y a las que unas pocas orugas no les hacen nada.

El botón de abajo lleva a una página (dentro de este mismo sitio) con información general sobre cómo alimentar orugas.

Lamentablemente no conté cuántas mudas hacen estas orugas antes de convertirse en pupa. Tampoco tengo una idea exacta de cuánto dura su etapa de oruga, aunque una vez crié una de estas desde muy chiquita y pupó pasados unos 20 días. Mientras crecen pueden ir cambiando de color, de verde a rojizo.

Cuando la oruga está a punto de pupar, mide unos 10 centímetros y tiene cuatro manchas blancas. Es en este momento cuando suele ser descubierta por alguna persona, ya que se baja (o tal vez se cae) de la planta que estuvo comiendo y empieza a caminar por el suelo buscando dónde enterrarse. Si estuvimos alimentando a la oruga nosotros, va a dejar de comer y va a empezar a caminar sin parar; eso nos indica que tenemos que prepararle un lugar donde pueda enterrarse.

¿Esfinge o momia?

Igual que otras especies que pupan enterradas, cuando hayamos depositado la oruga sobre la tierra, más tarde o más temprano comenzará a cavar hacia abajo hasta desaparecer de la vista. Puede demorar algunas horas o puede empezar enseguida. Unos tres días más tarde, si la buscamos, encontraremos que preparó una especie de cueva ovalada en las profundidades del tarro y que hizo allí una muda de piel, convirtiéndose en pupa. Esta es un objeto oblongo de entre 6 y 7 cm de largo, de color marrón rojizo oscuro o tirando a oscuro, como se ve en la foto de la derecha. A pesar de la pinta rara, como con algo de momia o sarcófago egipcio, es inofensiva. Puede mover un poco el abdomen, pero eso es todo lo que hace, además de respirar.

Extraer a la pupa de la tierra para mirarla o para verificar si está bien son opciones y no obligaciones, aunque tienen cierto valor como actividad educativa… y cierto gusto a arqueología, si se quiere.

Por supuesto, si sacamos a la pupa de debajo de la tierra tenemos que volver a dejarla donde estaba. Si la cueva de barro se rompió en muchos pedazos (cosa que suele pasar) no hay problema en volver a cubrir a la pupa directamente con tierra; pero si nos quedó intacta una mitad de la cueva podemos aprovecharla para cubrir a la pupa antes de echarle la tierra encima de nuevo.

¿Y cuándo resucita esta momia? Depende de la época del año. Si se formó en primavera o verano, saldrá de la tierra en forma mariposil al cabo de un mes. Hacia fines del verano y comienzos del otoño la situación es menos clara: aunque tuve pupas de esta esfinge que puparon en marzo y eclosionaron en abril, también es posible que la pupa decida pasarse todo el otoño y invierno durmiendo y eclosionar entre agosto y octubre. Es decir, esta especie hace diapausa invernal, y cuando pupa suficientemente cerca del otoño se queda debajo de la tierra hasta que los días se alargan y se vuelven más cálidos.

El botón de abajo explica cómo cuidar las pupas que permanecen enterradas durante el invierno.

Por fin tengo alas

Cuando calculemos que la esfinge adulta está por salir de la pupa, tenemos que acordarnos de clavar en la tierra del recipiente un palito o ramita (o varios), de manera que la esfinge pueda, al subir hasta la superficie de la tierra, trepar por ahí y extender sus alas. Si nos olvidamos de poner palitos, podemos encontrarnos luego con que la esfinge está colgada del borde del tarro, o que trepó por algún mueble u otro objeto. No es que esto vaya a ser algo grave, porque lo más probable es que consiga extender bien sus alas igual, pero si se alejó del tarro tal vez sea un poco complicado encontrarla.

Presenciar la eclosión puede ser difícil, ya que generalmente se produce en algún momento de la noche. Los noctámbulos, sin embargo, puede que vean este espectáculo si se mantienen cerca del tarro.

En caso de querer fotografiar una secuencia del despliegue de las alas del bichejo, no disponemos de mucho tiempo, ya que la primera fase de ese proceso es bastante rápida. Por suerte, una vez que extendió las alas, la esfinge se queda muy tranquila, y durante esa noche y el día siguiente podremos sacarle cuantas fotos queramos.

Si bien algunas mariposas nocturnas grandes no se alimentan, estas esfinges sí lo hacen, y para ese fin cuentan con una trompa. Eso significa que la noche siguiente a la eclosión van a tener dos cosas que hacer: buscar pareja —como todos los polillones nocturnos— y también buscar comida. El alimento de las esfinges es el néctar de algunas flores que permanecen abiertas a la noche o que se abren únicamente al anochecer con el propósito de atraer a las esfinges para que estas transporten su polen de una flor a otra. Con respecto a alimentarlas a mano, tengo que decir que nunca conservé una esfinge adulta durante mucho tiempo, por lo que no necesité alimentarla con néctar artificial, y consecuentemente nunca hice la prueba de ver si eso es factible o no.

El manejo de las esfinges es fácil, porque solamente van a entrar en actividad cuando haya poca luz. Si hay mucha claridad van a quedarse quietas. Al liberarlas (cosa que hay que hacer al atardecer o a la noche, por supuesto), es posible que los machos hagan un precalentamiento de alas y se vuelen enseguida, mientras que las hembras probablemente no estén tan apuradas.

Es sorprendente que, contrariamente a la mayoría de los mamíferos incluyendo los humanos, los esfíngidos son capaces de ver en colores en casi completa oscuridad (Kelber et al. 2002).

De Sphingidae. Esfíngidos de Argentina. Marcela Moré, Ian J. Kitching y Andrea A. Cocucci.
L.O.L.A., 2005.

Efectivamente, nuestra visión del color en la oscuridad es bastante mala. Los receptores del color de nuestros ojos (los conos) funcionan muy bien, pero solamente mientras haya buena luz. A medida que la luz disminuye se van quedando progresivamente ciegos, y para ver tenemos que confiar entonces en otros receptores que tenemos, los bastones, que ven en blanco y negro. A medida que oscurece perdemos en primer lugar la visión del color rojo, mientras que los últimos colores en «irse» son los que están en el otro extremo del espectro de luz visible, como el azul y el violeta.

Las esfinges parece ser que no tienen receptores para el color rojo, pero sí ven el amarillo, el verde y el azul. Además de eso, cuentan con receptores para la luz ultravioleta, que nosotros no vemos.

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